sábado, 17 de diciembre de 2011

UN BRILLO LEJANO ES LINGUA FRANCA ENTRE LA RAZÓN Y LA FE: APUNTES PARA UN VILLANCICO

A mi hermana Crista.

Por: JOSÉ MARÍA CASTILLO HIDALGO.

Al cerrar los ojos y recordar, podía sentir la tibieza de la mano de su padre cuando con sólida aprensión lo jaloneaba por las calles tortuosas y polvorientas de su pueblo natal, y le hacía escurrirse a empellones a través del tumulto y el bullicio de la gente forzándole a dar dos pasos por cada uno de los de él hasta llegar al imponente templo donde se rendía culto al Dios Bueno. Podía evocar cómo aquel hombre recio y genial le enseñó las artes de la quiromancia, la aeromancia y la adivinación por las entrañas de las aves, los nombres de las constelaciones y sus cadencias, la lectura cuneiforme en el lodo cocido y la recitación de poesías hermosísimas que dejaban trémulas a las muchachas, todo con paciencia y esmero pero con férrea disciplina, hasta que después de mucho estudio y reflexión logró sobresalir en la interpretación de las relaciones causales NO evidentes por sí mismas. Ahora su intuición le sabía hacer llegar al encuentro de las corrientes que impelían a los seres vivos y a las fuerzas de la tierra y sus demonios mucho antes de que lo dejaran al descubierto, y de allí, su fama de precavido y cauteloso y de saber juzgar de manera precisa las motivaciones últimas de los hombres. Desde hacía tiempo su actuar lleno de valor y entereza, pero con rectitud, le distinguían.

Su condición de oráculo de poderosos y fiel consejero de reyes le daba una buena vida hasta donde era posible. Más, desde hacía unas cuantas semanas en los corredores de su palacio se deslizaba desde el desierto un viento inflamado con un regocijo misterioso. Desde el camastro que tenía instalado en la azotea, mientras divisaba bajo la cruda intemperie los astros trastabillar enredados en el largo, azul y frío manto del cielo, conformando ora dragones, arañas, leones, delfines y otras fieras, o bien barcazas, tridentes, querubines y toda ralea de quimeras, había descubierto un astro extrañamente refulgente que nunca antes había estado allí, ni menos aparecía en las cartas y mapas celestiales de sus ancestros que ya ratos eran astrólogos. Cuando lo vio por vez primera se le heló el centro de la existencia y de la mano se le resbaló la copa del vino que sorbía. Tartamudeó antes de poder gritar a sus parientes y criados que vinieran a ver la maravilla que rutilando hacía jolgorio a medio camino entre el cenit y el horizonte del mediodía, y todos extasiados,  contemplaron por horas la lumbrera. A uno que se ufanaba de haber aprendido mucho se le ocurrió decir: “Esta es una señal importante de que las ruedas que mueven el tiempo como lo conocemos se han resquebrajado”. Pero el sabio, con la cenestesia atolondrada, alcanzó a exclamar: “¡Ahura Mazda, el que conoce el camino, el que fabrica al caminante, el que motiva los pasos y los mide, el que inspira la verdad y la hace brillar aunque no quiera verse, hoy nos sonríe y ha dicho que vienen tiempos mejores para la humanidad!”

Hacía tres días en un concilio o más bien encuentro pan-mántico que el mismo había convocado para tratar sobre el fenómeno celestial que le tenía absorto, uno de los concurrentes había dicho: “Nombremos una comisión que se empeñe en nombrar otra comisión para que vea la posible conveniencia de que convengamos que hay algo que probablemente debamos hacer o no hacer o bien fingir que esto es algo que nos puede afectar o no afectar y hagamos dinero que nunca está de más.” Inmediatamente se  le informó que se había equivocado de reunión y que dada su alta investidura y grandes dotes pajizas, un centinela le acompañaría a hacer un reconocimiento de las capas superficiales de las paredes exteriores del recinto y que formulara en el tiempo que se le antojase un informe de no menos de quinientas tablillas escritas al anverso y al reverso a ese respecto, y que de paso aprovechara a hacer sus necesidades al fresco. Al final la asamblea concluyó que ese astro era la manifestación palpitante de un evento extraordinario: El nacimiento de un excelso Rey, suceso inequívocamente orientado hacia el poniente.

Pero esa noche era la víspera del viaje que se había dispuesto y el Mago como pudo se arrancó de la fascinación que le embargaba y durmió y soñó con música de instrumentos extravagantes y trompetas relucientes que acompañaban a un desfile triunfal. En la mañana, la pequeña caravana se abrió paso entre racimos de risas y lágrimas, rumores y vendavales del desierto, dunas frágiles, cantaletas de aves, espejismos acuáticos, rigores quemantes, granos de arena sibilantes, y toda clase de furias hasta que las lunas, los destellos, las serpientes y los escorpiones, entre otras desventuras, les llevaron al encuentro de otra caravana un poco más numerosa que la de ellos, que con las espadas corvas y las lanzas en ristre exudaba fiereza. Les ofrecieron en venta cinco esclavos enclenques, atropellados y moribundos, en cuenta una muchacha nubia. Pero en realidad el precio estratosférico pedido no era meramente una especulación comercial, sino el cobro mal disimulado de un alto impuesto por dejarlos seguir en paz. Sopesaron fuerzas, negociaron, porfiaron y compraron. En unas cuantas noches más, la estrella les llevaría a Judea.

En Jerusalén sus indagaciones los llevaron al palacio del rey judío, solo que paradójicamente allí no era propicio para encontrar al Rey niño, pues propiamente ni el rey en funciones era tal, ni tampoco judío, ni habían allí recién nacidos y a todo esto, tras que se entrevistaran, menos les cayó en gracia el sujeto. Se veía más anciano de lo que debía ser de tanta podredumbre incrustada en las carnes, pero sobre todo, por los alaridos, chillidos y gemidos que le medraban en el entrecejo. “Estimados,” les dijo con voz gangosa pero en buen coiné. “Cuando encuentren al niño que buscan no dejen de avisarme porque yo mismo quiero rendirle adoración y pleitesía”. Y si preguntando se llega a Roma, preguntando donde ha de nacer el Rey de los judíos se llega a Belén. “Uy que perdida nos dimos,” exclamó uno de los Magos al ver las luces de la pequeña población donde también el Rey David vio la luz por primera vez.

Ahora sí con precisión, la estrella los llevó hasta una casa de animales que estaba siendo alegremente visitada por un grupo de zarrapastrosos cuidadores de bestias. Cuando vio desde el portón de entrada el cuadro de la humilde muchacha arrullando en sus rodillas al recién nacido, así como los pesebres y abrevaderos llenos de vapores de los bueyes rumiando con un fondo amplio y surtido de rebuznos de burro, el sabio persa pensó: “¿Será en verdad esta criatura el Mesías mentado? ¿El Gran Rey de los Judíos?” Pero al propio tiempo sintió algo tibio que se le montaba en el pie y se le escurría entre los dedos y al tratar de impedir la embarrancina, trastabilló e irremediablemente cayó de rodillas. Al verlo sus compañeros rápidamente le imitaron y procedieron a ofrendarle al niño oro, incienso y mirra tal como correspondía a un auténtico Rey, a un infalible Profeta de Dios que es Dios y a un verdadero Mártir de la humanidad. Al marchar satisfechos, se fueron por otro camino para evadir a aquel que les había visto las caras de tonto. Ya bien encaminados en su regreso decidieron liberar a los esclavos que habían tenido que comprar en la venida. Pero la muchacha nubia decidió voluntariamente permanecer al servicio del Mago de Persia. Ella personalmente le atendió con cariño hasta muy entrado en años, y solo le dejó cuando el Mago fue jaloneado una vez más por su padre a través de un estrecho túnel de luz, para presentarlo a rendir cuentas ante Ahura Mazda, el Dios bueno.

Mt 2: 1-12.

Roatán, Dic. 15, 2011.

1 comentario:

  1. Notas: Quiromancia: Adivinación mediante la lectura de las líneas de las manos. Aeromancia: Adivinación mediante la interpretación de las nubes. Ahura Mazda: Dios no creado, bueno y sabio en el Zoroastrismo, antigua religión en el actual Irán. Oráculo: Persona que se consultaba para tomar decisiones importantes, también podía ser un sitio sagrado. Reunión pan mántico, una reunión de brujos o magos de lugares distantes para tratar asuntos importantes (es como un congreso científico de la actualidad) Coiné: Lengua griega que servía como linguae franca o de uso común en el cercano oriente (algo así como el inglés que es herramienta de comunicación internacional). Mago en la antigüedad: El científico o sabio, que servia de consultor en las cortes y para los poderosos... Lo curioso del caso de los Reyes Magos es que en base a los conocimientos que ellos manejaban, pudieron deducir y hacer conclusiones y convencerse de la inminencia de un acontecimiento de trascendencia cultural y religiosa universal, de allí que se refiera una comunicación especial entre la ciencia y la fe, que se puso de manifiesto en la adoración de los científicos o magos a un rey cuyo poder sería mas bien espiritual. Algunas personas consideran que los Magos eran judíos de oriente, (Babilonia) lo cual parece inaceptable, habida cuenta que Mateo escribió su evangelio para la grey cristiana de origen judío, por lo que los hubiera identificado de una manera distinta. Saludos. JMCH

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